Uno de los oficios que más me ilusionó en mis primeras lecturas sobre periodismo digital fue el de broker de información. El concepto tenÃa, y aún tiene, mucho que ver con mi visión sobre la carrera que estudio, comunicación social, pues convertÃa al periodista en un buscador de información que luego organizaba, detallaba, y hacia accesible el contenido.
Usted me dice qué quiere, y yo me adentro en las profundidades de las cavernas informativas, para salir, cual Prometeo, con todos los secretos del hombre y los dioses. La idea del oficio no prosperó, comprendo que no se alcanza la gloria trabajando en los hornos, ni el ego se hincha si somos un poco más que mineros de la información.
Ya no buscan brokers de información y no conozco a nadie que quiera serlo. La idea quedó kaput. Por eso disfruto mucho cuando alguien me comenta que quiere saber sobre un contenido especÃfico; me emociono y corro a buscar libros, enlaces, recortes, comentarios, doy rienda suelta a ese pequeño minero de información que llevo dentro.
Porque mi oficio murió antes de nacer, y no pasó de ser un comentario anecdótico plasmado en aquel librito de Ciberperiodismo que compré hace más de 6 años.