He vuelto a aquel banco del Parque Lezama, lo mismo que entonces se oye la noche, la sorda sirena de un barco lejano. Mis ojos nublados te buscan en vano. Después de diez años he vuelto aquà solo, soñando aquel tiempo, oyendo aquel barco. Mis penas vencieron. El tiempo y la lluvia, el viento y la muerte, ya todo llevaron.
Ernesto Sábato

En algún pedazo de tiempo literario, de ese tiempo que no se cuenta con horas y segundos, un escritor argentino llamado Ernesto Sábato decidÃa que dos de sus criaturas se conocieran. El lugar del encuentro fue el
Parque Lezama de Buenos Aires.
El capÃtulo se llamó "El dragón y la Princesa". MartÃn, sentado frente a la escultura de Ceres, siente una pesada mirada a sus espaldas; temeroso de parecer ridÃculo (más de lo que se sentÃa con 17 años a cuestas) se niega a saber quien lo observa. Era Alejandra. La novela se titula "Sobre héroes y tumbas".
El solar de los patricios
Muchos historiadores coinciden en ubicar el nacimiento de Buenos Aires en los terrenos de Parque Lezama. Las primeras casas de los expedicionarios que acompañaban a Pedro de Mendoza (fundador de Buenos Aires – 1536) estuvieron allÃ. Uno de los amplios solares, que pertenecÃa a la Mansión Horne (hoy Museo Histórico Nacional) fue transformándose de desembocadura de riachuelo en lujoso jardÃn donde abundaban olmos, acacias, magnolias, tilos y otras especies.
El 19 de abril de 1884, Angela Alzaga de Lezama vendió los terrenos, casi 80.000 metros cuadrados, al Municipio de la ciudad de Buenos Aires con la condición de conservar el apellido de su esposo para nombrar al espacioso jardÃn. Asà nace el Parque Lezama.
Un espacio de San Telmo
Ubicado en el Barrio de San Telmo, el Parque Lezama comenzó a sentir el impacto del uso público. El primer cine del barrio, un ring de boxeo, teatro al aire libre, lago artificial, un circo y varios cafés, entre ellos el tradicional “Café Británicoâ€, llenaron sus espacios.
Como anécdota, en plena Guerra de Las Malvinas, el “Café Británico†sufrió la amputación de su primera sÃlaba y fue rebautizado como “Bar Tánicoâ€. Esa es la misma época en la que se hace notable el abandono del parque y su creciente inseguridad.
Actualmente, Parque Lezama es restaurado por la municipalidad y funciona allà una feria artesanal. Desde su mirador aún se ve el rÃo, los árboles centenarios permanecen incólumes y cerca de la estatua de Ceres aún nos espera Alejandra, la musa de Ernesto Sábato.
En imagen:
Ernesto Sábato camina por el Parque Lezama.
Jugadores de ajedrez en Parque Lezama.