Bolaño y los personajes sobrantes
Esta reseña la escribà hace tiempo para el blog personal, y luego para Dejaboo. La coloco de nuevo porque es una manera de degustar un libro que Adelita se llevó muuuy lejos de mÃ.

Un libro llamado “La literatura nazi de América Latina” deja sobre el lector un aura maldita. Sobre todo es mala idea leerlo en el frÃo vagón de metro pues más de un ojo acusador lo acompañara durante el trayecto. Pero realmente el tÃtulo es pura alaraca.
No se habla de literatura nazi, se habla de escritores americanos (entendiendo que América es un continente) que aparte de comer, tener sexo, drogarse, enamorarse, traicionarse y demás… también sienten simpatÃa por el Tercer Reich y el orden ario; en un momento en el cual era común y hasta bien visto en algunos cÃrculos que alguien tuviese esas simpatÃas. Asà que lo realmente impresionante de este libro no es el tÃtulo, es la inventiva del chileno Roberto Bolaño, su autor.
En franca comunión
“La literatura nazi de América Latina” no es una historia con principio y final, es la recopilación de vidas a modo de diccionario de autores.
32 escritores paridos por la inventiva de un autor que no tenÃa nada que hacer con los personajes sobrantes y decide recrearles una vida inexistente, les hace autores de libros que no escribieron y los relaciona con personajes históricos o con otros hijos de ficción que llevan la marca Bolaño en la frente.
A modo de enciclopedia de la locura, cada personaje exhibe sus dotes, su vida y sus intereses en este libro.
Los hijos preferidos
Les hablaré de 3 personajes que engloban la locura, histeria, desenfado, miseria, fortuna y decadencia de este puñado de vidas.
Edelmira Thompson de Mendiluce, cuya admiración por Hitler sólo se iguala a su adoración por Edgar Allan Poe. Bajo su yugo matriarcal se cobijó la familia Mendiluce, mecenas de varios artistas de segunda y dueña de una red editorial que dictó norma en la Argentina de los 60.
Luiz Fontaine Da Souza, su único objetivo en la vida fue refutar a Voltaire, Diderot, Montesquieu, Hegel, Marx, Feuerbach, Hegel, Kant, Horderlin etc, etc… (todo un personaje), el único detalle es que confunde a Marx con Kant, a Hegel con Feuerbach, a Diderot con Voltaire y por ello sus libros son una deliciosa equivocación producto de una locura que Bolaño (como buen padre) no quiere acusar pero que se hace evidente a cada lÃnea de la muy interesante vida de Da Souza. De este personaje me gusta su final:
“La muerte lo sorprenderá siete años más tarde, en su confortable piso de Leblon, en RÃo, mientras escucha un disco del compositor argentino Tito Vásquez y observa por los ventanales del atardecer carioca, los coches, la gente que discute en las aceras, las luces que se encienden, se apagan, las ventanas que se cierranâ€?
Y mi favorito, el infame Carlos RamÃrez Hoffman, un chileno cuyos pasatiempos eran escribir poemas de humo en el aire y practicar la fotografÃa con los cadáveres de aquellos a quienes torturaba y asesinaba. Toda una buena historia.

En algún pedazo de tiempo literario, de ese tiempo que no se cuenta con horas y segundos, un escritor argentino llamado Ernesto Sábato decidÃa que dos de sus criaturas se conocieran. El lugar del encuentro fue el
Un espacio de San Telmo
Muchos hemos leÃdo Alicia en el PaÃs de las Maravillas, la primera vez posiblemente cuando éramos tan niños como la protagonista y las últimas veces desentrañando los mitos urbanos que se han sembrado en la historia. Asà que sabemos que Lewis Carroll fue su autor y que Alicia fue su máxima obra.